Todos debemos aprender el hábito de la lectura. En Cristo obtenemos un nuevo chip que cambia nuestra mentalidad, dándonos así el profundo deseo de leer la Biblia. Leerla es fundamental, pero no basta con sólo leerla, con la Biblia tenemos que dar un paso más allá de la lectura: tenemos que aprender a meditar en ella.
La palabra “meditar”, en este caso, se refiere a una digestión de lo "consumido" al leer, para obtener todos los beneficios posibles. No sólo se debe hacer una “lectura rápida”, eso sirve nada más para tener una comprensión a nivel global, sin embargo, el misterio está oculto en cada palabra y es a favor de la humanidad, y para llegar descubrirlo se requiere profundizar en lo leído.
Cuando meditamos en la Palabra de Dios, no hacemos vano el sacrificio de Jesús, en la cruz del calvario, y viene a nosotros un efecto positivo, porque nos puede salvar, sanar, liberar y encaminar a que vivamos como Dios asegura que es mejor para nosotros.
La Palabra de Dios es la suma de inteligencia y sabiduría. La inteligencia es el software y la sabiduría es la aplicación del software, para que uno pueda vivir en victoria, según el diseño del Creador. Entendemos con esto que todo lo que leemos forma el software que va quedando en nosotros.
El hábito de la lectura genera la tendencia del pensamiento. Lo que leemos se evidencia en nuestra vida, y nos da un poder para influenciar.
Es necesario que promovamos la lectura de buenos libros, que nos ayuden a crecer. Éstos siempre tienen que ser para edificación, sin que vayan en contra de los principios de Dios. Además, es importante que como hijos de Dios, conozcamos la historia de nuestra nación. Si conocemos el pasado de nuestro país, tendremos la capacidad de formar un futuro mejor.
También es bueno conocer los pensamientos influyentes de generación a generación en nuestra sociedad, y tener información de filósofos como por ejemplo: Rousseau, Marx, Sócrates, Aristóteles, Platón, etc., para saber de dónde viene cada pensamiento y cómo influenciaron las corrientes de dichos pensamientos.
Pero, sin duda alguna, la lectura de la Palabra de Dios, siempre debe ser predominante. En Romanos 12:2 Jesús dice: “no os conforméis a este siglo”. Tenemos que meditar en la Palabra de Dios, para conocer cuál es Su buena, agradable y perfecta voluntad. La forma de este siglo es un diseño humano, que tiene soluciones limitadas, en base y función al hombre, y no a Dios.
Las soluciones humanas nos han llevado durante generaciones al fracaso, porque no tienen el verdadero poder para cambiar al ser humano. Leamos, formemos nuestros pensamientos, con la Palabra de Dios; la lectura, la meditación y la práctica de sus mandatos, es lo que en conjunto, definitivamente sí puede generar un cambio positivo en tu vida, tu entorno, y el mundo. Ánimo!
Tus Pastores Emilio y Bethany Abreu
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